Vivimos en un mundo en el que todo pasa muy deprisa.
Lo que antes era actual, ahora queda obsoleto. Hay que reinventarse. Somos una
generación especial en la que nuestro pasado ha estado lleno de cambios.
Somos la última generación en jugar en la calle, en
disfrutar los recreos jugando a canicas, al trompo o al escondite. Fuimos los
últimos en grabar canciones en cassette, escucharlas en walkman y rebobinarlas
con un bolígrafo. Fuimos los primeros en jugar a videojuegos, en ver películas
en estéreo. Crecimos con Mario Bross, Los Autos Locos, Mazinger, Campeones, Los
Monster o Superagente 86. Aprendimos a utilizar los ordenadores antes que
nuestros padres y abuelos porque nosotros... jugábamos a las "maquinitas".
Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, y por el camino intercambiábamos
cromos. Andábamos en bicicleta o patines sin casco ni protectores. Nos
curábamos con mercromina. Los columpios eran de metal, y subirse en ellos, una
aventura. No había 100 canales de televisión, pantallas planas ni internet,
pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos bombas de agua.
En definitiva...tuvimos libertad, fracaso, éxito y
responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello para continuar
cambiando...evolucionando.

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